sábado, 27 de febrero de 2016

SIBO : Sobrecrecimiento Bacteriano Intestinal.




SIBO es el acrónimo para Síndrome de Sobrecrecimiento Bacteriano Intestinal.


En el intestino grueso hay millones de bacterias hospedadas que contribuyen en múltiples procesos fisiológicos como es reforzar el sistema inmunológico para protegernos de patógenos y virus.
Por eso al referirnos a ésas bacterias hablamos de flora bacteriana y se caracteriza por su diversidad, abundando especies como los Lactobacillos o las Bifidobacterias. Algunos ejemplos son : 
Escherichia coli, Enterobacter aerogenes, Streptococcus faecalis o Clostridium perfringens.


Todas cumplen con una misión concreta, como pueda ser sintetizar ácido fólico, o degradar los almidones en d-glucosa, o absorver la vitamina K, o simplemente extraer el agua sobrante del quilo para ser evacuado a posterioridad.
Su presencia pues es crucial, y según su variedad y abundancia, podremos hablar de unas funciones intestinales más o menos regulares y por tanto sanas.


Pero no ocurre lo mismo con el intestino delgado, donde apenas hay bacterias, ya que su principal tarea no es degradar si no descomponer los alimentos que llegan semi digeridos del estómago (el quimo) en micronutrientes para posteriormente distribuirlos a través del torrente sanguíneo por todos los órganos.


El intestino delgado está repleto de deplecciones por donde avanza el quilo mediante espasmos de la musculatura, entrando en contacto con las vellosidades del epitelio (son como pequeñas escobillas que cubren el interior del intestino)  donde se absorben vitaminas, grasas y minerales.
El quilo tarda entre 3 y 6 horas en recorrer los casi 8 metros de intestino delgado hasta llegar al colon, según el tipo de alimento ingerido: los alimentos sobrecargados de grasas y azúcares avanzan más lentamente que los alimentos fibrosos, por ejemplo.

Transcurridas esas entre 3 y 6 horas se produce lo que se conoce como "oleada de limpieza", donde pequeñas cantidades de bacterias literalmente barren los desechos residuales de la digestión hasta el intestino grueso, donde los escamotes de limpieza (los millones de bacterias que habitan allí) terminarán la digestión extrayendo el agua y últimos nutrientes del quilo para transformarlo en el bolo fecal.

Por tanto, en el intestino delgado debe haber pocas bacterias para que el proceso digestivo sea eficiente.

Pero en ocasiones, la digestión nos resulta pesada, larga, y con ella sobrevienen síntomas secundarios como : hinchazón, gases, eructos, reflujo, cansancio, migrañas.... y en el peor de los casos náuseas, mareos, vómitos, diarreas y hasta manifestaciones físicas como eccemas o sudoración. Cuando se dan algunos de éstos síntomas, podemos sospechar que la digestión no se lleva a cabo correctamente, y hay que averiguar cual es la causa.

Si el intestino delgado está dañado, entonces la digestión no será correcta, y hay varias dolencias que pueden provocar ése daño en el revestimiento: divertículos, úlceras, pseudoobstrucciones, pinzamientos, estenosis, parasitosis, inflamación crónica....y hasta un exceso de bacterias, el SIBO.

Pero ¿qué propicia un exceso de bacterias en el intestino delgado?
Un sobrecrecimiento bacteriano no se dá por sí mismo, si no como consecuencia de otra causa, que puede ser orgánica (como una pseudoobstrucción o una estenosis) o miopática (daño en el nervio vago o musculatura lisa abdominal).
En el caso de una estenosis (estrechamiento del intestino) el alimento avanza lentamente o queda atrapado por demasiado tiempo en un tramo intestinal, favoreciendo la fermentación excesiva del alimento, y con ello, un acúmulo de bacterias y de los residuos que éstas liberan en el proceso fermentativo digestivo. Si el alimento, no avanza correctamente, empezamos a sentir las consecuencias: gases, eructos, reflujo, cansacio, frío... todo ello fruto de una mala digestión o indigestión.


Además, si la digestión no se produce correctamente, tampoco absorberemos bien los nutrientes y habrá mal absorción, en algunos casos específica: si hay déficit de disacaridasas intestinales, entonces los azúcares y almidones parcialmente digeridos, llegarán al colon donde la flora local se verá obligada a terminar el proceso que el intestino delgado dejó incompleto, y fermentará dichos azúcares y almidones, generando más disconfort.
Ocurre lo mismo con otros nutrientes como los lípidos (grasas): según el tramo dañado de intestino delgado, no se absorberán bien las y éstas llegarán prácticamente intactas al colon, donde las bacterias tratarán de degradarlas.


Las bacterias colónicas se nutren de esos residuos, de modo que unas crecerán por encima de otras, y si dicha condición no se corrije y se repite, con el tiempo habrá un desequilibrio en la flora conocida como disbiosis. Se habrá instaurado un cuadro malabsortivo.

Pero un problema miopático también puede provocarun SIBO del mismo modo que lo hace un impedimiento físico o orgánico como sea una estrechez o una fístula o cualquier otra lesión que impida el correcto paso del quilo, de hecho, si la musculatura abdominal se contrae demasiado rápido o demasiado lento o si el cerebro envía las señales al intestino de cuándo empezar o parar la digestión pero éste no las recibe correctamente, puede propiciarlo.

Actualmente se sabe que tan o más importante es la función del cerebro sobre el intestino como sobre nuestas emociones, y los digestólogos empiezan a referirse al intestino como "nuestro segundo cerebro", pues no sólo lo que ingerimos nos afecta, si no también lo que ocurre en nuestro entorno pues repercute en nuestras emociones (ira, alegría, tristeza, ansiedad, depresión).
Nuestras emociones dependen tanto de nosotros mismos como de los demás, y un problema en el trabajo, con nuestra pareja o un vecino, pueden afectarnos tanto, que nuestro cerebro se altere y como efecto colateral, también nuestro sistema nervioso central. Y la cadena sigue, pues si "ése" problema nos sigue afectando (lo que comúnmente se conoce como somatizar), puede deteriorar nuestro sistema periférico, y la cadena de reacciones está servida, y el siguiente en caer, muy seguramente, será nuestro sistema digestivo.

Se creía que la serotonia (una monoamina neurotransmisora sintetizada en las neuronas) se creaba en el cerebro, integrado por una amplia red de neurotransmisores, las neuronas. Pero recientemente y para sorpresa de la comunidad médica, se ha confirmado que la serotonina se crea casi en su totalidad en el intestino delgado, es decir, que hay más neuronas en nuestro intestino que en nuestro cerebro!
Ahora entendemos porqué llaman al intestino "el segundo cerebro"... y es que el 85% del proceso digestivo está literalmente orquestrado por la serotonina.
Dicha proteína la crea el cuerpo y también se sintetiza a partir de precursores como algunos aminoácidos presentes en los alimentos, sea un ejemplo el triptófano.
Frutos secos crudos, chocolate amargo,huevos, lácteos, carnes rojas, vegetales de hoja verde, son ejemplos de alimentos ricos en triptófano y precursores de la serotonina.
Además, ésta aumenta si realizamos actividades placenteras como besar a nuestra pareja, reir, practicar deporte, andar al aire libre o realizar cualquier actividad que nos aporte satisfacción y bienestar con nosotros mismos.

Cuando estamos sometidos a estrés, tensión emocional, o cuando nuestro estado anímico es triste y melancólico, los niveles de serotonina decrecen, y mucho. Y si decrede la serotonina, es cuestión de tiempo que nuestro sistema digestivo lo acuse.

En suma, si mezclamos en una misma cocktelera un trastorno orgánico o uno miopático con estrés, ansiedad o depresión, sentaremos las bases para un trastorno digestivo y a la larga, una malabsorción, o lo que los médicos llaman intolerancia alimentaria .


En ocasiones los pacientes con malabsorción de fructosa presentan lo que se conoce como "malabsorción de carbohidratos específicos" lo que se traduce en la dificultad del intestino para digerir algunos azúcares, ssiendo los más habituales la fructosa, la lactosa (glucosa+galactosa), los polialcoholes (naturales o sintéticos), los fructanos (cadenas largas de fructosa) y los galactanos (cadenas largas de galactosa).
Hay pruebas de laboratorio específicas para determinar si el SIBO es una de entre las múltiples posibles causas, pudiendo ser algunas de ésas pruebas invasivas o no.

Entre las pruebas invasivas y por tanto algo molestas para el paciente - pues requieren una preparación previa con dieta específica baja en residuos y la observación del aparato digestivo mediante sondas- encontramos la gastroscopia o endoscopia alta (observación mediante sonda del estómago y dudodeno proximal), la colonoscopia o endoscopia baja (observación mediante sonda del intestino grueso), el tránsito esofagicogastroduodenal (el paciente debe beber un líquido con contraste y someterse a exploración radiográfica) o la Tomografia Axial Computerizada (T.A.C.) similar a la anterior.

Pero normalmente son de elección las pruebas de laboratorio no invasivas, por su bajo coste, fiabiliad y las mínimas molestias que ocasionan en el paciente.


De entre ellas, el Test Elisa o del Aire Espirado, es la prueba de oro: se dá a beber al paciente una líquido con carga osmótica, es decir, azucarado, usando como sustrato el tipo de azúcar sobre el que se sospecha hay una intolerancia o malabsorción, siendo los más habituales la glucosa (en caso de sospechar una diabetes como causa orgánica, o un SIBO), la fructosa, la lactosa o la lactulosa (una combinación de las anteriores).


Es una prueba con una duración larga, pues cada 30 minutos se debe medir la cantidad de amoníaco y hidrógeno presentes en el aliento del paciente tras consumir el líquido azucarado. La razón es que cuando hay una malabsorción a un carbohidrato, éste no se degrada totalmente en el intestino delgado y llegan restos al intestino grueso, donde la flora colónica lo fermenta, generando hidrógeno, metano y amoníaco como desechos de la degradación.

La cantidad presente en cada fase ayuda a establecer un gráfico que mide ésa cantidad de gases por 3 horas, siendo positivo si antes de los 50 minutos se incrementan por encima del doble respecto la medición inicial a la prueba.

Aunque la prueba no tiene ningún riesgo para el paciente, éste puede mostrar ciertos síntomas durante la medición que ayudan al diagnóstico, como pueden ser sudoración, palidez, taquicardia, mareo, hipoglucemia, temblores, hinchazón abdominal, gases eructos, náuseas, vómitos o incluso diarrea.

Dado que con la glucosa se pueden medir dos condiciones, como son una posible diabetes o un sobrecrecimiento bacteriano intestinal, los síntomas "colaterales" son reveladores de una u otra condición, como por ejemplo una hiperglucemia en el caso de la diabetes o la resistencia a la insulina.

Las pautas a seguir en caso de malabsorción de carbohidratos a menudo incluyen  un tratamiento multiterapéutico según cual sea la causa.
Si la causa no requeriere intervención quirúrgica y puede resolverse con un tratamiento farmacológico, a menudo son de elección los procinéticos si se sospecha de una condición que enlentece el tránsito, o corticoides si se cree que hay inflamación o estenosis, antibióticos si el SIBO es la causa en sí misma, además de una dieta con restricciones temporales de aquellos alimentos que empeoran la situación, suplementada si es necesario con minerales, vitaminas,enzimas digestivas o probióticos.

En el caso de la malabsorción de fructosa/fructanos-polioles-galactanos, se ha demostrado que la dieta FODMAP reduce en cantidad significativa los síntomas colaterales de las digestiones, se mejoran las digestiones y la absorción de nutrientes.


También se ha demostrado eficaz la Low Carbs Diet o Dieta Baja en Carbohidratos, donde se reducen al máximo posible los carbohidratos de cadena corta y por consiguiente muy fermentables (azúcares simples, frutas, dulces) y se prefiere sustituirlos por cantidades controladas de carbohidratos de cadena larga (pastas, arroz, patatas, pan) evitando en éste caso todo aquello integral -aunque serían los de primera elección- y sustituyéndolos por cereales refinados bajos en fuctanos (almidón de maíz, tapioca, patata y arroz), legumbres cocidas preferentemente caseras, arroz preferiblemente vaporizado, y frutos secos por ser ricos carbohidratos complejos y bajos en simples.
Si la ración diario de carbohidratos que un adulto sano debe ingerir es de aproximadamente entre 200gramos y 250gramos, se reduce a 50gramos.
Dicha restricción es temporal hasta que se resuelvan los síntomas propios de la malabsorción, NUNCA debe seguirse de forma crónica sin la supervisión de nuestro digestólogo y un muy buen nutricionista o dietista.

Otros alimentos muy importantes en ésta dieta son las grasas, priorizando las mono y polinsaturadas para proporcionar sensación de saciedad aportando únicamente las beneficiosas (como son el Omega3 y ácido oléico), optando por carnes y pescados magros, los lácteos desnatados deslactosados como los yogures de elaboración casera, y los huevos de producción ecológica.

4 comentarios:

  1. Caramba, de todo lo que se entera una a mayores de lo que te dice el médico.. a mi me hicieron la prueba de aliento y me dió altisimo positivo, pero claro quien me pidió la prueba fue el médico de cabecera, me dijo que fuese al endocrino para que me controle, hasta el día 21 no tengo cita con él. estoy muy preocupada porque estoy haciendo la dieta de las cosas que puedo comer, pero sigo encontrándome mal.. no se, una lata esto... pero agradecerte todo el trabajo que llevas realizado y compartirlo con todo el mundo. ya que sin las ayudas que ofreces me sentiría muy perdida... gracias...

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